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Ponencia: UNA APUESTA, MUCHOS JUGADORES: UN APRENDIZAJE

Gaely Miranda Flores

                                                          Psicóloga

  1. INTRODUCCIÓN

En mis años de trabajo docente; vengo haciendo preguntas que en realidad son un eco de mi propia voz que intenta escribir algo de mi formación.

Todo acto “educativo” está impregnado de una parte personal; es así que la siguiente lectura intenta bordear mi deseo personal en el marco de la experiencia docente, a partir de un experimento que tuvo gratos resultados; creo.

Fue una apuesta “formativa”, que se acogió en la particularidad del caso por caso, representado en cada uno de los estudiantes que apostaron conmigo, sin saber mucho de lo que se jugaba, y que algunos tuvieron la gratitud de manifestar que si ganaron.

  • Contextualización

La “experiencia” que transmitiré, aconteció durante la gestión I-2015, dentro de nuestra superior casa de estudios, en la carrera de Psicología; con la materia de Diagnóstico en Intervención Clínica.

El trabajo abarcó todo el primer semestre, el cual requirió de tiempo extra de trabajo, pero que fue tiempo muy bien invertido y con ganancias considerables en la praxis psicológica; espero.

  • Problemática a partir de la cual surge la experiencia innovadora: Tiempo de ver

Al asumir la materia de Diagnóstico e Intervención Clínica varios aspectos me atraviesan; y los pretendo analizar desde tres puntos que tienen estrecha relación con mi formación personal y de praxis.

El primero es de orden Imaginario; donde las ideas que se generaron al leer los contenidos y lo que, en ese momento pensé que “debía” transmitir; cómo hacer esa transmisión; el reto de convertir el proceso en un aprendizaje significativo. Ahí debo sumar a los estudiantes; como esa multiplicidad de rostros que se masifican creando una nube amorfa que muchas veces genera angustia; pero una angustia que causa.

El segundo momento lo leo desde el campo Simbólico: cuando luego de leer los contenidos y atravesar la angustia que causa; se inicia el acto de trasmisión; lo que llamamos pasar clases, y ya con rostros definidos, miradas específicas y una supuesta escucha; acontece el encuentro con el o los saberes de la materia.

Acá se introducen todos los procesos cognitivos que conocemos; así como la ejecución de las líneas de aprendizaje que plantearon los expertos del campo pedagógico y del aprendizaje, muchos de ellos psicólogos; y por ende la modalidad de la evaluación del proceso enseñanza aprendizaje; como parte importante de esa transmisión. Es la garantía del proceso.

Y por último el tercer momento: lo Real; donde las teorías cognitivas no alcanzan a responder por qué no se aprende; por qué reprueban, por qué no pregunta el estudiante; se lo podría nombrar más como un desencuentro; ese impase con el saber científico, con la verdad que pese a la garantía que ofrece la evaluación; nos enfrenta a un vació, al silencio; a la nada del saber y/o del hacer. Es un encuentro con la falta; que nos cuestiona como docentes cuando notamos que nuestros estudiantes “no aprenden”, “no atienden”, “no les importa”.

Estos tres momentos; que hacen presencia durante la transmisión, generaron preguntas; ¿cómo hago para que aprendan?, ¿cómo hacer para que usen el saber?; ¿cómo hago para que se enamoren de la psicología?…son algunas; hubieron muchas más; pero la palabra es no toda.

  1. HISTORIA DE LA EXPERIENCIA INNOVADORA

 Eje temático: De acuerdo al diccionario de la Real Academia Española; eje hace referencia a una varilla que atraviesa un cuerpo giratorio y le sirve de sostén, otra acepción: se dice de la idea básica de un raciocinio.

Apoyada en este significado; debo manifestar que tanto la experiencia como el presente escrito está atravesado por el discurso psicoanalítico lacaniano; puesto que me permite hacer una lectura; en todo el sentido de la palabra, de lo que fue ese momento particular de la experiencia pedagógica; valga la redundancia.

La razón para esta elección, no es casual; ya que desde el discurso analítico se puede hacer preguntas; que apuntan a la subjetividad de la situación y algo que cuestiona mi labor docente; (quizá la de otros más) que es el hecho de cómo hacer con la transmisión de saberes para que estos lleguen a algún lugar. Es decir; que en algún momento de la praxis docente; suele aparecer la pregunta de si estamos enseñando bien, mal, o simplemente saber si estamos enseñando algo; creo que nos puede pasar a todos; esta duda es la que me atraviesa hace mucho tiempo; puedo nombrarla como mi causa.

Para qué: Es una excelente cuestionante; explicar el para qué. Desde el discurso científico se puede responder que para que los estudiantes aprendan; tengan el conocimiento adecuado para enfrentar los retos de la praxis laboral, etc. Desde el “bien decir” mucho se puede justificar.

Pero; hay otro punto importante que es el que creo debe ser develado; y quizá algunos se sientan identificados.

La razón para presentarme acá, y por la que se realizó esa experiencia pedagógica (aun guardo el secreto de que se hizo; no lo he dicho) es el de “experimentar” “probar” “apostar” por el deseo del analista. En realidad jugar con el deseo del docente, yo; y el deseo del estudiante.

La materia de Diagnóstico e Intervención Clínica; desde mi perspectiva tendría que tener un tinte principalmente práctico; es decir que los estudiantes deberían acercarse lo más posible al trabajo real que implica ese título tan grande.

Al leer los contenidos teóricos; estos me planteaban la posibilidad de la repetición como el acto principal del aprendizaje. Una repetición dentro del marco de decir lo que dijo el libro y luego lo que dijo el docente. Una repetición que no necesariamente escribe en el estudiante un saber; menos la inscripción de la praxis.

Así mismo; poder hacer con la diferencia. La materia ofrece la formación en las áreas principales de la clínica; es decir poder diagnosticar e intervenir desde la psicología humanista, la psicología cognitivo comportamental, la psicología clínica sistémica y la psicología psicoanalítica.

Un semestre con cuatro líneas diversas, un grupo de estudiantes, en ese particular momento numeroso; y varios saberes teóricos. ¿Cómo hacer para que “aprendan subjetivamente, significativamente” todo eso?

La experiencia: Vuelvo al diccionario; experiencia es la enseñanza adquirida con la práctica, el uso o el vivir. Experimento.

Tomo una palabra más: Experimentar; probar y examinar prácticamente.

Qué se hizo. Al ser una materia, en ese momento de 8vo semestre, y responder a la nueva malla curricular donde la formación debía realizarse en cuatro años; me enfrentaba a un grupo de futuros egresados; con un pie fuera de la universidad.

Ante la pregunta, y la angustia; de qué hacer para “transmitir significativamente el saber”; corté con la lógica de las clases teóricas y se propuso a los estudiantes salir en busca de pacientes.

La lista indicaba alrededor de 80 estudiantes inscritos; de los cuales asistían a clases entre 50 y 60; debo reconocer que me sentía halagada de tener aula llena.

Ante la “propuesta” de pasar a la práctica y tener pocas clases teóricas sentí, al inicio, que estaba equivocándome de forma grosera…creí que no tendría respuesta; incluso pensé que me dejé llevar demasiado por el deseo propio y por lo tanto era una apuesta solamente mía.

Mi sorpresa fue cuando se estableció la modalidad del seguimiento a los estudiantes en su práctica.

Me ordeno un poco. La materia apunta a estudiar y aprender las modalidades tanto de diagnóstico como de intervención  desde las 4 áreas de la psicología que nombre anteriormente.

Si bien, la lectura de textos es importante para poder pasar a la praxis; sabemos que es el trabajo más duro para los estudiantes, leer. Y como casi siempre pasa; es un acto sin garantías. A esto se debe sumar; que no a todos les gusta leer lo que propone cierta teoría; debo enfatizar que la lectura que mayor resistencia ofrece es el psicoanálisis; por lo que el reto se hace cada vez mayor.

Luego de ese breve análisis; porque así también ocurrió en mi cabeza; se me ocurrió proponer que cada estudiante busque un paciente; de preferencia joven o adulto; y que en caso de que se eligiese un niño; conversar en primera instancia con los padres. Luego de esa elección, marcar un día y lugar para la realización de entrevistas; siendo estas solo el inicio de un proceso que pretendía convertirse en un ensayo de lo que es una terapia.

A la par, el estudiante debía elegir el enfoque psicológico con el que pretendía trabajar; es decir tomar una línea teórica con el cual debía justificar, atender y trabajar el caso.

Es así que se organizaron horarios fuera y dentro de clases para realizar el trabajo de “supervisión”; el mismo que pretendía no solo hacer el seguimiento del estudiante en cuanto a la responsabilidad que implica hacer dicha práctica. Sino poder acompañar el proceso; procurando manejar cada caso en su particularidad con la ética respectiva.

Cabe marcar; que la modalidad de trabajo responde al eje planteado; es decir hacer el control de los casos, con el estilo psicoanalítico. Pero donde el practicante justificaba sus intervenciones desde el enfoque que había elegido y respaldó su informe final en dicha línea teórica.

El inicio de la práctica, mostró un entusiasmo sospechoso; puesto que “todos” tenían paciente. La sorpresa, ocurre cuando se convoca a la supervisión de casos; y se observa una fila larga de estudiantes listos para hacer el control respectivo.

Cada sesión de supervisión contó con alrededor de 13 a 15 estudiantes; todos con avances importantes en sus entrevistas; y aunque en muchos casos las observaciones y los punteos estaban dirigidos a el estilo o la modalidad de intervención; se observó un deseo manifiesto por comprender esa acción que realizaban cada semana; un deseo puesto en el “hacer” real de la psicología; un aprendizaje subjetivado de la clínica.

Lugar y Posición: Los lugares desde donde se trabajaron pueden leerse en dos líneas distintas. Una hará mención de espacios físicos; es decir que se atendieron a los pacientes en distintos lugares; plazuelas, casas particulares; algunos en las aulas de la carrera, en fin; tocó a los estudiantes hacer con la contingencia y romper con el estándar de atención en un gabinete o consultorio. Muchos se cuestionaran de la “ética” de dicha acción. Y me atreveré a responder con una frase de J. Lacan “praxis sin estándar, más no sin principios”.

Es decir; que el psicólogo y su praxis no están determinadas por el lugar físico; sino por la “calidad” de su atención. Mientras no se atente contra la integridad del sujeto; no se violente el secreto profesional; el paciente accede a hablar cuando las condiciones estándadas; y estas condiciones apuntan a un otro que desea escuchar.

En cuanto a la supervisión; esta también tuvo que sortearse entre las aulas y horarios de la materia; así como otros espacios físicos para realizar el control respectivo.

Segunda vertiente de lugar; este hace referencia al rol que se siguió en el proceso, el del estudiante que hacia control de su caso y el del docente que anotaba en una lista las veces que se supervisó, además de los punteos y avances de cada caso.

Pero más allá de los lugares, creo importante marcar las posiciones que entraron en juego. Por un lado la posición del Sujeto supuesto Saber; que estaba del lado del estudiante cuando ocupaba el lugar del “analista y/o terapeuta”; la posición de practicante cuando hacia el ejercicio de control o supervisión; y la posición del docente durante la supervisión que transita del SsS al del analista; que introduce la hiancia, el agujero, el vacío por el saber no sabido.

 Modalidad: La modalidad de trabajo, estuvo mediada por la palabra. Palabra que comporta una verdad; la verdad del paciente. En el psicoanálisis, la palabra es la herramienta fundamental de trabajo; la cual conlleva el sufrimiento, el deseo, el síntoma, el goce; la felicidad, todo aquello que atraviesa al sujeto e intenta dar sentido en su transcurrir por la vida.

Si bien, cada estudiante trabajo desde distintos enfoques; todos ellos llevan como inicio la palabra, que como dije antes, transporta la queja del paciente; el cual acepta ocupar o intentar ocupar ese lugar no por casualidad. Nadie habla porque si, somos seres atravesados por el lenguaje; y este tiene la función de decir algo, a veces comunicar, a veces denunciar; a veces solo repetir hasta lograr inscribir algo de esa rumeación que molesta. La palabra es el intento de unir la contingencia de lo real con lo simbólico y lo imaginario de cada vivencia. Es el intento casi siempre fallido de anudar lo pulsional con el sentido, y así transitar por la vida con la menor angustia posible.

Así mismo, las supervisiones requerían de la palabra del practicante; pero una palabra puesta en escena; es decir con la presencia corporal, física que daba cuenta del trabajo que estaba realizando.

En ese encuentro, denominado supervisión; se “tramitaba” la palabra del otro (propuesto paciente) con la subjetividad del practicante; donde se podía separar las aguas de lo que dice y de lo que en transferencia se escucha.

La supervisión, tiene como fin el de ejercer una suerte de filtro entre lo que se escucha en el paciente y se le puede “decir” a manera de intervención que muchas veces está contaminada de la subjetividad del practicante; lo que suele tener como efecto la identificación y por ende la alienación entre practicante y propuesto paciente.

Este no debe ser un efecto del trabajo terapéutico, sino todo lo contrario; que el propuesto paciente pueda avanzar en la vida sin el Otro que le diga que hacer; sino que se haga cargo, sea responsable de sus decisiones frente a sus elecciones.

Esto mismo, se trabaja en la supervisión; puesto que el practicante aprende a ocupar el lugar del muerto; con el fin de devolver la autonomía al paciente y permitir que sea él (el paciente) quien se haga cargo y de cuenta de sus palabras.

El deseo del analista: La presente apuesta, contada a manera de experiencia pedagógica está atravesada por mi persona, quien intenta escribir algo, apoyada en el psicoanálisis lacaniano; y que además, intenta explicar lo que en el fondo me moviliza y causa, que es: el deseo, del analista, del psicólogo.

En el texto de J. Lacan, de los Escritos 2; una conferencia marca parte del proceso planteado; y es el tema de “La Dirección de Cura y los Principios de su poder”. A manera de síntesis, diré que este escrito cuestiona el que hacer de los psicoanalistas de aquella época y que bien se puede trasladar a nuestra actualidad, en cuanto a las modalidades de intervención.

  1. Lacan menciona que el trabajo del analista no debe estar marcado por la pasión personal del “reconocimiento” social que puede hacer el otro y de la identificación con él (el terapeuta) como modelo a seguir.

Sino más bien, está dirigido a comprender que el analista, el psicólogo debe ejercer un papel de dirigir la cura, en el sentido que el paciente vaya marcando de acuerdo a sus necesidades y bien estar. Este trabajo estará en-marcado por la transferencia que debe ser trabajada en cada caso, y no por la estandarización. Siendo el fin principal destacar la subjetividad del paciente; y procurar “hacer” desde el deseo del analista, que no tiene nada que ver con el “bien estar”. Es decir que el analista trabajará con su falta-en-ser, como aquel que no tiene créditos ni reconocimientos en el proceso de “mejora” de “bien-estar” de su paciente.

El deseo del analista, está más allá de ese lugar donde hay algo del orden del amor; de la identificación, un lugar que no existe, no se reconoce; pero se sabe que se atravesó.

  1. APUESTA REALIZADA: tiempo de comprender

 Luego de esta “experiencia”; considero que hubo una apuesta la cual de alguna manera mostró que hubo ganancias. Toda apuesta implica ganar o perder; y considero que los logros de aprendizaje subjetivado son la ganancia de la casa. Me atrevo a decir que los estudiantes que atravesaron el experimento de hacer una práctica, no sólo aprendieron la lección, la teoría; sino que se enfrentaron a recibir en el cuerpo la marca de la angustia que provoca ese encuentro con el otro real del sufrimiento, con ese otro que demanda y espera algo del practicante.

Por otro lado, yo; me enfrenté a mi falta-en-ser, de dar mi tiempo, mi cuerpo y un supuesto saber a un otro que tenía el “conocimiento” de cada caso; que traía su “experiencia” de la cual yo no sabía nada. Todo esto movilizó el deseo por más lectura, mayor preparación para responder algo de lo que trae el practicante.

Las apuestas, implican riesgos y pérdidas; es así que puedo decir que no perdí, sino falto tiempo; falto espacios, faltaron algunas cosas del orden de la realidad que son salvables, si acaso se repite la experiencia.

Se debe estar advertido, que siempre habrá “falta”, algo que no; y esta(s) falta(s), estos vacíos son lo que permitirán hacer otra cosa, hacer algo más; seguir haciendo.

  1. CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES: momento de concluir

 Todo trabajo con la mirada del psicoanálisis, consta de tres momentos: instante de ver, tiempo de comprender y momento de concluir. Y acá estamos…

Considero que la realización de una práctica, en cualquier área tendrá como horizonte la angustia de poder calcular su efecto; y por ende la responsabilidad que implica hacerse cargo de esos efectos. Aun así, hay que arriesgar; y creo que el grupo con el que se trabajó; dio cuenta de que es posible “creer” en el otro; es decir que hay un deseo puesto por la formación y por el “saber hacer”. Si nuestra transmisión no sólo está en el marco de “lo esperado”, sino que lleva algo de nuestra marca personal y se inscribe el deseo más allá de la pasión de reconocimiento; se puede estar a la espera de resultados positivos y con efectos adecuados. Hoy tengo el placer de atreverme a decir que si hubo aprendizaje significativo y subjetivado en aquellos que apostaron por hacer con lo que sabían.

Me quedo, con el antojo de repetir ese experimento, y llegar un poco más lejos, donde se pueda pasar de la entrevista a la intervención real; y luego a la construcción de un caso el cual pueda dar cuenta de una investigación; en el intento de inscribir algo más de la realidad que nos atraviesa cada día y que tiene siempre una lectura particular.

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